Me encontraba en medio del camino, justo en mitad de la calle cuando sus ojos me miraron como entendiendo todo lo que había en mí, me miraban con tal ternura que me creí desvanecido en un profundo sueño, del que claramente no quería despertar jamás. Desde ese lugar intente oír su voz entre los sonidos que perturbaban la maravillosa escena que significaba para mi contemplarle tan pasivamente sentada, pero eso no ocurrió.
Volví al día siguiente a la misma hora, al lugar donde había sido deslumbrado por su belleza, esperando verla sentada pasivamente como lo había hecho 24 hrs antes y mi deseo fue concebido como una perfecta bendición, nadie la había apartado de mi, nadie la había mirado excepto yo, nada se había interpuesto para que ella estuviese ahí sentada a la misma hora del día anterior y yo me senté a su lado deseando tener el coraje suficiente para hablarle y poder milagrosamente escuchar su voz por primera vez, pero no fue así.
Al día siguiente volví de nuevo puntual al mismo lugar y parecía que las puertas del cielo se abrían para mi, pues la encontré una vez más, sentada estática en el lugar de siempre, con la misma belleza incomparable de la cual me asumía enamorado y pude contemplar sus ojos una vez más. Así volví cada día a contemplar su belleza inmóvil de siempre, su blanca piel, sus perfectas manos y sus ojos que tan dulcemente me miraban al sentarme a su lado y sin decir una sola palabra nos amamos en el mismo lugar cada día de nuestras vidas, mientras la gente nos miraba reprobando nuestro amor, aquel amor que era tan puro y real para mí, como lo fue para ella que en silencio y estática me amó.
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